Estar relajados.
Si hemos tenido un día difícil, debemos darnos un tiempo de desconexión
antes de comenzar. Podemos sentarnos un momento, cerrar los ojos,
respirar varias veces profundamente y dejar de lado los problemas que
nos han ocupado durante la jornada. Mirémonos al espejo y comprobemos
que en nuestro rostro -delator de nuestro estado de ánimo- no hay
rastros de tensiones innecesarias -ceño fruncido, mandíbula tensa…-
Sólo entonces estaremos preparados para empezar porque a través de
nuestras manos, le transmitiremos a nuestros hijos nuestro estado
energético.